Pastoral
   He participado en un foro sobre nuevas tecnologías, mi intención no es hacer publicidad del tema pero me resultó interesante el subtítulo: “explorá en la cultura”, en mi experiencia personal, diría que fue bucear en la cultura contemporánea pero sin tanques de buzo, es decir sumergirme para quedar sin aire ante el abismo de la ignorancia. La mayoría de los expositores  nos advirtieron que estamos presenciando un cambio abrupto en la cultura, y un salto al vacío, una aventura cuya dificultad mayor es poder entender lo que viene, en algunos casos lo que ya está.
 
 

   Si creen que deliro, como también lo hicieron algunos expositores comenzaré haciendo memoria. Mi abuela materna nació en 1897, yo crecí escuchando sus cuentos de cuando era chica, ella vivía en la esquina de Cerrito y Juncal, la luz era de gas, se trasladaban en cohe de caballos y en el fondo de la casa tenían caballerizas. Le toco ver el cambio que se produjo con la luz eléctrica, la radio, el auto y el teléfono. Recuerdo estar viendo con ella la televisión (en blanco y negro y sin control remoto) cuando el hombre llegó a la luna. Se levantó y se fue porque no podía creerlo.

   Con mis 48 años recuerdo mi sorpresa ante el primer teléfono celular, que tenía el tamaño de una caja de zapatos, además solo servía para hablar por teléfono, carecía de jueguitos, Internet, música, agenda, cámara de fotos y otros amenties que tienen nuestros minúsculos aparatos de hoy.

   Ahora no solo tenemos Internet, sino la web. 2.0 que implica que los usuarios no solo bajan información sino que se convierten en  creadores activos, debaten en diversos foros, intercambian información, fotos y conocimiento.

   Por primera vez los niños y los jóvenes tienen algo que enseñarnos a los adultos, ellos son “nativos tecnológicos”, nosotros meros inmigrantes suplicándoles que tenga la paciencia de enseñarnos cuando sentimos perplejidad frente al control remoto del televisor -solo sé usar las funciones elementales- ellos manejan cualquier dispositivo con la mayor facilidad. Es decir que me atrevo a incluirme en otra categoría sociológica novedosa: soy info-pobre. Frente a un futuro hiperconectado, no quiero quedarme afuera de estos medios novedosos y útiles, pero los de mi generación y más allá necesitamos de los más jóvenes para que nos enseñen. El tema es no sentirnos superados mientras nos aferramos a nuestro teléfono de siempre, porque a “este lo entiendo”, (el mío me lo retiró la compañía porque
no tenía Chip y dentro de poco iba a quedar desactivado). Podrán decirme que lo mío es una frivolidad, que hay gente que no tiene celular. En el Chaco, el la colonia “La Matanza” en medio de la nada, donde escasea el agua y la comida, todos tienen celular, algunos incluso carecen de luz eléctrica y lo cargan en la escuela. Es vital para mantenerse comunicado, ellos me envían mensajes de texto, que contesto con dos dedos, mientras los chicos casi sin mirar el teléfono envían tres simultáneos.

   Otro de los disertantes nos decía: “El que se enoja pierde” y nos exhortaba a ser “aprendices permanentes” y a no “banalizar lo nuevo”.

   Hoy en día se crean software compartidos, un claro ejemplo es “Linux”: Una sociedad libre necesita software libre. Necesita la libertad para inspeccionar el software, aprender de él, y modificarlo de acuerdo a sus necesidades.

   Los computadores se usan para compartir ideas, cultura e información. Sin estas libertades sobre el software, estamos en riesgo de perder el control sobre lo que compartimos. Se juntaron gratuitamente para crear una alternativa al sistema operativo de Windows, contribuyeron para eso 60.000 programadores. De haber tenido que financiarlo el proyecto hubiese implicado 8.000.0000 de dólares, el poder está entonces en compartir.

   Se han creado también redes sociales de voluntariado y otras para conocer o encontrar personas. Estamos frente a la democratización de la información.

   El otro costando por demás apasionante también, es saber descubrir lo que no cambia, podemos encandilarnos con la tecnología y los jóvenes pensar que lo saben todo porque lo pueden buscar en Google, pero nada reemplazará al conocimiento como lugar de síntesis que se da en la mente humana.

 

Padre Guillermo Marcó

Artículo publicado en La Nación

 

 
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