Pastoral

Celebramos con toda la Iglesia este fin de semana  la fiesta de Corpus Christi  para renovar y reafirmar nuestra fe en la presencia real de nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar.

Queremos honrar al Señor que permanece entre nosotros, acompañarlo en la procesión por las calles del centro de nuestra ciudad, adorarlo en la oración que realizaremos en la  Plaza de Mayo y recibir su bendición  y con ella recibiremos  abundantes gracias que con toda certeza Él querrá darnos bondadosamente.

En esta celebración actualizamos lo que el Señor hizo en la última cena con sus discípulos cuando convirtió admirablemente el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre, dejándolos como alimento que fortalece, como remedio que sana, como presencia permanente que acompaña y consuela en las vicisitudes de nuestro camino.

Las palabras del Señor en el Evangelio  nos aseguran una y otra vez la verdad de su presencia: "Mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida”.

Esas palabras nos indican también el efecto salvador que tiene este alimento que, por así decir, “encierra” la presencia del Señor: “Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”.

La Eucaristía, cuerpo y sangre de Jesús , es fuente de vida plena,  y vida para siempre: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo lo resucitaré en el último día”.( Jn. 6,54 )

Es vida que compartimos como hermanos misteriosamente unidos por este don.

El apóstol Pablo saca con nitidez las consecuencias de las afirmaciones del Señor: “ya que hay un solo pan, todos nosotros aunque somos muchos,formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan”. Es la unidad de los discípulos, de la comunidad cristiana que está llamada a proyectarse a toda la sociedad y que brota de la Eucaristía.

Esta fiesta de la Eucaristía, presencia misteriosa y real del Señor de la vida, nos impulsa a renovar decididamente nuestro compromiso a favor de la vida que aparece hoy muchas veces amenazada . Vida amenazada ante todo por la violencia irracional que no mide ningún tipo de consecuencias.

Se trata muchas veces de situaciones desgraciadas y dolorosas, pero frente a las cuales no nos podemos resignar. Tenemos que esforzarnos por “des-armar” los corazones de rencores, resentimientos y prejuicios, para alentar sentimientos de respeto, de concordia y de paz. Y este trabajo interior debe comenzar en nuestro corazón....

La Eucaristía será siempre alimento y fuerza de Dios para que no decaigamos en el empeño por resguardar la vida frente a todas estas amenazas.

Estamos próximos a las elecciones del 28 de junio. La fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor y esta circunstancia nos mueven a rezar por nuestra Patria, a renovar nuestro compromiso por ser nación y por contribuir a la construcción de una auténtica amistad social.

Y esta fiesta  nos impulsa a eso, porque “aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan”.

 

Podemos profundizar en el mensaje de Jesus leyendo y reflexionando :Jn 6,51-59.


 
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