Pastoral

No bajemos los brazos

Ante las diversas situaciones de la vida, cuando las cosas no salen como deseamos, solemos caer en la tentación de "bajar los brazos" o darnos por vencidos.

Sin embargo, cuando hemos decidido hacer algo y estamos convencidos que es lo que debemos hacer, no hay que dejar de intentar lo que, en conciencia creemos que debemos conseguir.
El mayor impedimento para que se concrete un proyecto es cuando uno mismo decide retirarse antes de emprenderlo.
En lo que respecta a nuestra vida diaria , el desánimo es muy común cuando no se ven los resultados. Por eso, la Madre Teresa de Calcuta decìa que la peor derrota es el desaliento... Si uno intenta algo desalentado de entrada, lo mas probable es que no lo consiga. Por eso es muy imortante en cualquier cosa que emprendas tener en cuenta estos dos aspectos :
1) En primer lugar la confianza en uno mismo : para ello tengo que estar dispuesto a poner TODO de mi , para alcanzar el objetivo que deseo. Seguramente la tentaciòn vendrà y una voz que intenta desalentarnos nos dirà dentro nuestro :" vas a ver que no vas a poder ". Ese es el momento de desoìr esa voz , hacernos fuertes y seguir con constancia intentando alcanzar el objetivo propuesto..... Y aunque varias veces haya experimentado que no pude hacerlo, no debo creer que por eso no habrà una primera vez que sì lo logre.
2)En segundo lugar, luego de haber hecho todo lo humanamente posible por lograr lo que deseo, es confiar en que Dios harà lo imposible, si lo que estoy buscando es su Voluntad.

Sobre este tema tenemos varias citas bìblicas sobre las cuales podemos reflexionar:
"Señor, no tenemos ni idea de lo que puede realizar tu poder " Mt.22,29 ..." y por eso apagamos con frecuencia la energìa de tu Espìritu " 1 Tes.5,19.
"Sòlo Tù nos das la fuerza necesaria " 1Pe.4,11
"Nos vienen pruebas de toda clase pero no nos desanimamos; estamos entre problemas pero no desesperados; somos perseguidos , pero no eliminados, derribados, pero no fuera de combate " 2 Cor.4,6-8
Estas citas nos pueden ayudar a reflexionar sobre nuestra confianza en Dios.
Y ahora reflexiones juntos con este cuento que nos ayuda a replantearnos la confianza en nosotros mismos


El Elefante Encadenado

Siempre me gustaron los circos y sus animales. Entre ellos, el que me llama poderosamente la atención es el elefante. Después de su actuación, el elefante queda sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Es muy curioso que un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra lo pueda contener. Y aunque la cadena sea gruesa es obvio que el elefante, capaz de arrancar un árbol de cuajo podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

¿Qué lo mantiene? ¿Porqué no huye?
Cuando era chico, pregunté a los grandes. Algunos de ellos me dijeron que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces, la pregunta obvia:
- Si está amaestrado, ¿porqué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Recién hace pocos años descubrí la razón: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. En aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo.
La estaca, era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a intentar, y también el otro. Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque cree que no puede, porque no sabe que creció y porque tiene registro y recuerdo de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor, es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente si podía. Jamás.... jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez.
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.

Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo... No puedo y nunca podré. Muchos de nosotros crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar. La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todas nuestras ganas, nuestro esfuerzo, nuestra oración y nuestro trabajo serio y dedicado.

 
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