Pastoral

CUENTO MOTIVADOR :
El hombre y el capullo de mariposa

Un día una pequeña abertura apareció en un capullo. Un hombre se sentó cerca de allí y observó por varias horas cómo la mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. 
Entonces, le pareció observar que ella ya no lograba ningún progreso. Daba la impresión de que había ido lo mas lejos que podía en su intento y que ya no conseguiría avanzar mas. Parecía que ella no tenía más fuerzas y que no podría salir del capullo. Entonces el hombre deseando ayudarla, tomó una tijera y cortó el resto del capullo. La mariposa salió fácilmente, pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas.
El hombre continuó observando a la mariposa, esperando que en cualquier momento sus alas se abriesen y agitaran para ser capaces de soportar el cuerpo que a su vez,  iría  tomando forma.
¡Pero nada ocurrió! En realidad, la mariposa pasó el resto de sus días, arrastrando su cuerpo deforme y flaco, con sus alas atrofiadas. ¡Ella nunca fue capaz de volar!

Lo que el hombre en su amabilidad y ganas de ayudar no comprendía era que el esfuerzo necesario de la mariposa para pasar por la pequeña abertura , era la manera como Dios hacía para que el fluido llegara a sus alas, de tal forma que ella estuviese lista para volar, una vez que se viera libre del capullo.

Autor desconocido

Preguntas para la reflexión

¿En que momentos de mi vida me he sentido como la mariposa: aprisionado por salir y asfixiado por la situación?

¿Me ha pasado o me pasa de sentir que no logro algo y que nunca podré lograrlo y por eso dejo de intentar cambiarlo?

¿En que momentos de mi vida actúo como el hombre, sobreprotegiendo y/o apurando, sin respetar el tiempo de los otros?

¿Tengo paciencia con el tiempo de los otros? ¿Tengo paciencia con mis tiempos o no me doy un espacio para madurar las cosas y las decisiones?

Luego de escuchar las reflexiones de cada uno de los integrantes del grupo, podemos redondear A MODO DE CONCLUSIÓN:


¡Que difícil es dejar a los otros crecer! ¡Hacer su propia experiencia, aunque sea dolorosa! ¡Cuántas veces por intentar proteger a los que queremos les hacemos mal, sin querer! Quizás no nos demos cuenta de que aprender a sufrir es uno de los aprendizajes mas necesarios de la vida. Esto no significa que haya que procurar adquirir de cualquier manera una experiencia dolorosa. Por el contrario, la cuestión es entender que del dolor también se aprende y que es bueno saber aceptar privaciones.
Por otra parte tenemos que ser conscientes que nuestro tiempo no es el de los otros, y que aveces mi necesidad no coincide con otras necesidades o esperas. El tiempo es parte del desarrollo, el apuro atrofia, deforma y no deja volar.
Aveces la ayuda brindada no era la que se necesitaba.
Deberíamos brindarnos en lo que el otro precisa y NO en lo que a mí me gusta dar.
Tal vez, en algunos momentos, ser observador sea el modo mas solidario de colaborar.
Pensemos que si Dios nos permitiera pasar por la vida sin obstáculos, no dejaría lisiados y no seríamos tan fuertes como podríamos haber sido y no podríamos volar.

 
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